
El Gobierno Federal anunció el diseño de un auto eléctrico compacto llamado “Olinia” que pretende fabricar en una asociación pública-privada. Un equipo de expertos en movilidad eléctrica e ingeniería automotriz del Instituto Politécnico Nacional y del Tecnológico Nacional de México, bajo la supervisión de la Secretaría de Ciencia, trabajan en el diseño de las partes del vehículo.
Aunque este anuncio generó y sigue generando amplias conversaciones, desde mi punto de vista, y en mis más de 20 años de experiencia en el sector, me parece una muy mala idea, y aquí explico los porqués.
El debate sobre si el gobierno de México debería involucrarse en la producción de coches eléctricos genera opiniones encontradas. Aunque la transición a tecnologías más limpias es deseable, asignar esta tarea al gobierno podría revivir errores del pasado, como los ocurridos durante las administraciones de Luis Echeverría Álvarez y José López Portillo, cuando la excesiva intervención estatal en sectores productivos trajo más problemas que beneficios.
1. El paralelismo histórico: exceso de intervención estatal
Durante los gobiernos de Echeverría y López Portillo (1970-1982), México vivió una etapa de expansión estatal en la economía. Se crearon empresas estatales en diversos sectores bajo la idea de que el gobierno debía liderar el desarrollo económico. Aunque este enfoque tenía intenciones de fortalecer al país, terminó generando graves desequilibrios por varias razones:
- Ineficiencia operativa: Muchas empresas estatales, como Siderúrgica Lázaro Cárdenas o Altos Hornos de México, operaban con sobrecostos y baja productividad.
- Corrupción y mala gestión: La falta de transparencia y de controles adecuados fomentó un manejo ineficiente y poco competitivo.
- Aumento del gasto público: El Estado asumió deudas enormes para financiar estas empresas, lo que eventualmente contribuyó a las crisis económicas de 1976 y 1982.
- Desconexión con el mercado: Al ser proyectos impulsados políticamente, no siempre respondían a las demandas del mercado o a principios básicos de rentabilidad.
El paralelismo con la idea de que el gobierno produzca coches eléctricos radica en que este tipo de iniciativa podría enfrentar los mismos problemas: una burocracia incapaz de competir con la eficiencia y agilidad del sector privado, y una desconexión con las dinámicas del mercado global automotriz. Hoy en día, empresas como Volkswagen, BMW y varias más, analizan la rentabilidad a largo plazo de estos proyectos, y algunas otras, dieron un golpe de timón para buscar la eficiencia y la sustentabilidad a motores que utilicen al hidrógeno como combustible. México tiene litio, es un hecho, pero de ahí a poderlo extraer y separar, es otra historia muy distinta.
2. Los retos del mercado automotriz eléctrico
El mercado de coches eléctricos es extremadamente competitivo y dinámico. Empresas privadas como Tesla, BYD y Volkswagen han invertido años en investigación y desarrollo, acumulando una experiencia que un esfuerzo estatal difícilmente podría igualar. Un gobierno como el de México, sin la infraestructura, experiencia ni la capacidad tecnológica necesarias, enfrentaría grandes retos:
- Altos costos iniciales: Desarrollar un coche eléctrico requiere una inversión multimillonaria en investigación, desarrollo, fábricas especializadas y cadenas de suministro avanzadas. Financiar este tipo de proyecto con recursos públicos sería arriesgado, especialmente cuando hay otras prioridades nacionales urgentes.
- Desventaja competitiva: Competir con empresas consolidadas, que ya tienen economías de escala y redes de distribución globales, es extremadamente difícil. Un coche eléctrico mexicano estatal podría quedar rezagado en precio, calidad o innovación.
- Burocracia ineficiente: Históricamente, los proyectos liderados por el gobierno en México han sido afectados por procesos lentos, decisiones políticas mal fundamentadas y corrupción. Esto podría llevar a que un proyecto de coches eléctricos sea costoso, ineficaz y poco competitivo.
3. Alternativa: el gobierno como facilitador, no productor
En lugar de fabricar coches eléctricos directamente, el gobierno de México podría desempeñar un papel más efectivo al actuar como facilitador y regulador. Esto incluye:
- Incentivar la inversión privada: A través de subsidios, incentivos fiscales y apoyo a la investigación y desarrollo, el gobierno puede atraer empresas internacionales y fortalecer a las locales para que ellas produzcan coches eléctricos.
- Crear infraestructura: Invertir en infraestructura como estaciones de carga eléctrica y redes eléctricas renovables podría acelerar la transición hacia la movilidad sostenible.
- Fomentar alianzas público-privadas: En lugar de asumir todo el riesgo, el gobierno podría asociarse con empresas del sector para desarrollar proyectos conjuntos.
4. Lecciones del pasado: Echeverría y López Portillo
La experiencia de los gobiernos de Echeverría y López Portillo ofrece lecciones claras sobre los riesgos de una intervención estatal excesiva en la economía:
- Echeverría y la creación de paraestatales: Durante su mandato, el Estado mexicano creó o adquirió decenas de empresas paraestatales. Estas compañías generaron empleos en el corto plazo, pero también acumularon enormes deudas y operaron de manera ineficiente. En lugar de fortalecer la economía, aumentaron la carga fiscal y limitaron los recursos disponibles para otras áreas prioritarias.
- López Portillo y el “boom petrolero”: López Portillo apostó por el control estatal de la industria petrolera para financiar proyectos ambiciosos, pero su estrategia dependió de ingresos volátiles del petróleo. Cuando los precios del crudo cayeron, México enfrentó una crisis de deuda devastadora.
Estos ejemplos históricos muestran que depender del gobierno para liderar sectores industriales complejos puede ser riesgoso. Si el gobierno mexicano intenta producir coches eléctricos, podría repetir estos patrones de ineficiencia, desperdicio de recursos y endeudamiento.
Conclusión
Aunque la transición hacia la movilidad eléctrica es crucial, el gobierno de México no debería asumir el rol de productor directo de coches eléctricos. En su lugar, debe aprender de los errores del pasado, como los cometidos en las administraciones de Luis Echeverría y José López Portillo, cuando el exceso de intervención estatal resultó en ineficiencia y crisis económicas. En vez de competir con el sector privado, el gobierno debería enfocarse en crear un entorno favorable para que empresas especializadas lideren esta transición, garantizando así un futuro más sostenible y competitivo para el país.